En el transcurso de los 20 siglos de historia escrita, el pensamiento humano ha evolucionado a medida que el entorno social preocupa al hombre. En el comienzo, un mundo vasto y sin fronteras, crea un vació para que la definición de divinidad llenará, luego el por que estar aquí y sucesivamente hasta moldear a la persona moderna. Sofía Amundsen es el resultado de este proceso, aunque ella no lo sienta. La autora Jostien Gaarder enviste a este personaje con la herramienta más útil en todo el transcurso de la vida humana; la curiosidad.
Sofía se nos hace conocida a todos, alguien que tiene una vida difícil, pocas amistades, una cómoda existencia, pero constantemente preguntándose “¿habrá algo más?”. Esta ultima característica la usa Gaarder para engancharnos a vernos a través de Sofía, volver a cuestionarnos lo que ya antes hemos pensado (porque todos lo hemos pensado) y saciar esa sed infinita por saber más. En este ambiente, le cae al personaje, sin que ella lo pida, la oportunidad de contestar las preguntas que la vida moderna le inhibió contestarse antes; ello al estar distraída con la escuela, televisión, chismes, etc. Alberto Knox, entonces, surge como el gran maestro, que no se limita a escribir cartas sino: quita ese velo que todos tenemos encima, nos despierta del estupor del conformismo y nos pide más.
La obra del maestro de Sofía consigue conducirnos a través de la historia del pensamiento humano, la filosofía y las cuestiones mas intimas de nuestra existencia. Tanto el libro como la película concuerdan que Knox es un vinculo, tal como un catedrático, cuya la labor es mantener al estudiante en sintonía con la materia enseñada; mas no agrega juicios de valoración. El conducto del maestro, en la película, se muestra como un mundo alterno donde el tiempo no existe y Sofía puede viajar para conocer a las grandes mentes de todos los tiempos. Gaarder, en lugar de intentar exponer las ideas abstractas como personajes, utiliza a los autores que crean dichos conceptos, sus manierismos y el contexto. Esto, a su vez, es una forma de “mortalizar” o hacer más humanos a los pensadores que usualmente desconocemos como personas y vemos más como genios, imposibles de acercarnos a ellos.
La historia de Sofía rompe el esquema del estudiante contemporáneo, esto llevado hasta el punto que cuestiona, exige y supera a su profesor de filosofía; cosa poco común entre los estudiantes actualmente. La protagonista adquiere tal fuerza al conocer el contenido y comprender a los autores, no como sus catedráticos los pintan, pero como seres humanos que se preguntan lo mismo que nosotros. Al estar a nuestro nivel, conocer sus razones y entender sus ideas, el autor realiza una obra ingeniosa de didáctica sin caer a la cátedra usual.
Desde luego, existe la segunda historia de la trama, que en partes se convierte en la primera: ¿Quien es Hilde Knag? La respuesta da un giro completo al libro y la película. El recurso de Gaarder de guardarse esto hasta el final de la historia mantiene un hilo conductor de identificación entre personaje-lector, que se ve bruscamente interrumpido. Al ser el mundo de Sofía, su vida y situación, la creación de un papá para su hija, el lector, por su cuenta, sufre una experiencia filosófica: “¿Cómo saber si existo?”. Sofía resuelve esta pregunta al encontrar que ella es, no para el entrenamiento de alguien más, porque ella decide serlo. Esto la lleva a trascender las páginas del libro y unirse al colectivo de literatura que están inmortalizados formar su identidad propia; ellos por pertenecer al social colectivo y ella, junto con Alberto, por trascender.